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lunes, 11 de febrero de 2013
jueves, 6 de diciembre de 2012
África empieza en los Pirineos, de nuevo.
Ayer viví una experiencia que me
entristeció más que desesperarme, aunque era para lo último. Ayer
me tocaba en mi Centro de Salud, mi prueba mensual para el Sintrón,
algo muy serio para quien lo ignoré, el caso es que hace pocos días
me llamaron cambiándome la hora porque mi médico estaba enfermo. El
cambio de hora no me vino nada bien, apenas tenía una hora para
comer entre el trabajo y la consulta, pero comprendiendo las
circunstancias me amolde.
Resignado, con el último bocado, me
presenté poco antes de las cuatro en la sala de espera de mi médico,
poco después llego su sustituto y se puso a pasar consulta, como era
el primero, me llamó y le tuve que explicar que tenía que esperar a
mi enfermera, que me iba a hacer la correspondiente prueba. Me quedé
allí, esperando, pasó una hora, pasó una hora y media y por allí
no se presentaba la deseada ATS, ya un pelín inquieto, le pregunte
por ella al médico (hice tal osadía porque lo conocía), el llamo a
control y, efectivamente, no estaba y, lo peor, no iba a estar,
estaba de baja y no había dinero para sustituirla, que en el
Ambulatorio no había nada más que una enfermera, que estaba de
guardia en la sala de curas, que si quería podía ir a ver si me
hacía el favor de hacerme la prueba.
Por supuesto que acudí, allí me
encontré con el consuelo del tonto, no el único afectado, había un
grupo de gente que le pasaba algo semejante, algunos que no habían
sustituido a su médico y no le cabía otro remedio que pagarse de su
bolsillo un medicamento carísimo y muy importante para su salud, su
médico, para el que tenía cita, tampoco estaba y al que no habían
puesto sustituto. Al final, después de dos horas y media, pidiendo
favores, conseguí salir con mi prueba hecha, ignoro lo que le
pasaría a los que se quedaron que no tenían la fortuna de conocer
al médico.
No pude si no acordarme de mi señora
Cospedal (en su madre no, que soy una persona educada) y en su
Consejero de Sanidad, al fin y al cabo no son recortes, son ajustes
técnicos... Ya comprendo yo, han decidido matar a unos cuantos
pacientes para ajustar su número al Presupuesto. El dinero lo
necesitan para los bancos y para ellos mismos. O puede ser que les
interese que no funcione la Sanidad Pública porque sus “intereses”
están en la privada.
Es que muy fácil destruir en un par de
años lo que ha costado levantar decenios. Por desgracia vamos camino
de tener, entre otras cosas, una sanidad tercermundista, vayámonos
haciendo la idea de que África empieza en los Pirineos, de nuevo.
martes, 4 de diciembre de 2012
LIBRO: Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones
Es
un colección de relatos autobiográficos de Charles Bukowski, el
último de los escritores malditos, entroncado con Henry Miller y
Hemingway. Nos muestra el lado más sórdido de la cultura
norteamericana, esa que en los callejones con olor a meados,
desarrolla una sucesión de borracheras memorables, droga, sexo, un
mundo de cafetín de prostíbulo, donde el asesinato y la violación
son meros accidentes de la vida.
El
lenguaje es el que cabe esperar de escenarios semejantes. Si Miller,
Hemingay y otros de su generación, “filosofaban” en sus relatos,
por muy sórdidos que fueran, dándoles una dimensión trascendente,
Bukowski no pretende nada, no pretende sacar consecuencias, nos deja
ante la realidad desnuda, sin juzgarla, casi más entroncado con la
obra de Genet.
Su
longitud y su lenguaje lo hacen un libro muy asequible, muy
interesante para conocer los EEUU en su trastienda, en lo que se
cuece fuera de las rutilante avenidas de sus grandes ciudades, un
buen aperitivo para penetrar en la literatura canalla de los
americanos, que tan grandes páginas ha proporcionado.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Yo atenté contra Franco
Pues sí, en mi más tierna infancia ya apuntaba maneras, con tres añitos intenté terminar con el insigne Caudillo Francisco Franco. Todo ocurrió en Valencia, en la entrada de coches de la Capitanía General de la 3ª Región Militar, en la calle de Ximénez de Sandoval, junto a Gobierno Militar, que, años después, haría famosa un generalillo llamado Milan que le dió por jugar al Estratego en las calles de Valencia.
Por
entonces, el Insigne Generalísimo de los Ejércitos de la Cruzada
Contra las hordas judeomasonicocomunistas, alias rojos, decidió visitar al
generalito correspondiente,
que tenía al mando de aquella importante región, que tantos "sediciosos" había dado, para la necesaria vigilancia, no se hubieran dejado alguna semilla.
que tenía al mando de aquella importante región, que tantos "sediciosos" había dado, para la necesaria vigilancia, no se hubieran dejado alguna semilla.
Yo,
por azares de la vida, vivía justo enfrente, en unos pabellones
militares, habitados por gente de confianza, por supuesto, pero, no
sabían que las jóvenes generaciones podían tomar caminos
diferentes de sus progenitores.
El
caso es que yo, con mis tres añitos, no me acuerdo si ya me había
leído “El Capital” o no, pero poco debía de faltar, pude
contemplar la escena que se desarrollaba a mis pies, un grupo de
soldaditos de juguete se desplegaban a lo largo de la calle, como si
de bolos en la bolera se tratara y mientras un sodadín, lleno de
chapas en la chaqueta, paseaba por delante de ellos como si se
tratara de una bola mal lanzada , al mismo tiempo que una banda
tocaba una pomposa marcha.
Yo,
desde mi estratégica atalaya, cogí la primera de mis dos bombas, la
lancé haciendo parábola por encima de la barandilla del balcón,
apenas habían pasado unos segundos cuando se escucho un fuerte
estrépito, la calle se llenó de gritos, la banda se callo, los
soldaditos-bolos, como si una bola certera hubiera sido lanzada
cayeron rodando por el suelo, el señor de las chapitas se desplomo
sobre la calzada y varios acompañantes se echaron sobre él formando
una manta, las ordenes iban que volaban, ¡todos al suelo!, ¡carguen
sus armas!, ¡pónganse a cubierto!, ¡es un atentado!, ¡saquen al
Caudillo de aquí!...
Yo,
visto que no había conseguido mi objetivo, tome mi segunda bomba
dispuesto a terminar con lo que había empezado, la lance por el
mismo balcón con toda decisión, de nuevo se escucho el ruido de su
llegada a la altura de la calle, está vez conseguí que se hiciera
el silencio.
Los
minutos pasaban, no sabía lo que hacer, la única solución era
protegerme en las faldas de mi madre. No tardó mucho en escucharse
el timbre de la puerta, yo corrí a intentar disuadir a mi madre de
abrir la puerta, pera ella, ajena a mis preocupaciones me ordeno que
la dejara y se dirigió al recibidor, me di por perdido y decidido a
afrontar con gallardía mi osada hazaña, la acompañe hasta la
puerta. Al abrirla, ante nosotros, se alzaba un militar de tamaño
impresionante, le mire con desafió, con la frialdad que da el saber
lo acertado de tu conducta, él bajó los ojos y antes de decir nada,
dejó que su rostro mostrara una sonrisa escalofriante, se dirigió a
mi madre y le dijo:
-
Señora, estás botas son suyas.
lunes, 26 de noviembre de 2012
LIBRO: El exiliado de aquí y allá.
Un pequeño libro de Juan Goytisolo,
con su especial forma de narrar las historias. Un argumento
surrealista, que se va pintando a lo largo de una serie de retazos,
como pinceladas, que van formando la imagen, tal como hacen los
pintores impresionistas.
Una historia onírica, secuela de su
“Paisajes después de la batalla”, donde se confunden el mundo
real con el mundo imaginario, lo vivo con lo muerto, donde el mundo
cibernético se convierte en realidad confundiéndose con ella misma.
Tenemos una pesadilla, la pesadilla de nuestro mundo obsesionado por
el consumo, donde nadie es lo que debe ser, y todos somos actores.
Como siempre, su literatura es crítica,
ácida, mordaz, iconoclasta, pesimista, que no es objeto de la ira de ciertos
círculos, porque son incapaces de entender lo que está diciendo.
No es fácil de leer, como todas sus
obras. A mi me gusta leerlo sin intentar comprenderlo, dejando que me
transmita sus impresiones, más como si se tratara de una poesía.
Después siempre hay tiempo para extraer su sustancia y “razonar”
sus palabras.
lunes, 19 de noviembre de 2012
LIBRO: Prohibited Book
Ya he comentado en otra ocasión los
fabulosos libros ilustrados de Luis Royo
(http://rasecremoloc.blogspot.com.es/2012/08/libro-dead-monn.html,
http://rasecremoloc.blogspot.com.es/2012/09/libro-fantastic-art.html)
Son libros para disfrutar del dibujo.
El mundo de Luis Royo, es un mundo de fantasía de países extraños,
seres monstruosos y, fundamentalmente, bellistas mujeres, amazonas,
seguras, con iniciativa, son las dominadores de los mundos empleando
su mejor arma, la seducción, la sensualidad de sus cuerpos y los
sentimientos que transmiten sus rostros. Es un mundo lleno de
erotismo, de sensualidad, donde se disfruta las curvas de los blancos
cuerpos, destacando sobre fondos oscuros, en ambientes apocalípticos.
En este libro va más allá, no
esconde nada, no pretende ser políticamente correcto, en el ha
plasmado sus sueños más húmedos, sus fantasías más tórridas,
las obsesiones más ocultas, un mundo nacido del mito de la bella y
la bestia, donde la bestia, es eso, una bestia, un ser monstruoso
portador del falo, con él interactua la delicadeza del cuerpo
femenino sin falsos pudores, con deleite, buscando golosamente poner
a prueba su cuerpo en una lucha sin armas contra el monstruo, un
monstruo que cae gozosamente derrotado ante el ímpetu femenino.
Su introducción es toda una
declaración de intenciones, basten de muestra algunas frases de
ella:
“… olvidéndonos de la vieja
perogrullada de si erotismo, si pornografía. Busquemos un rincón
tranquilo, un silloncito confortable y blando, aunque también sirve
una cama con sábanas llenas de pliegues. Cojamos el libro y
apoyémoslo en el brazo del sillón o de la almohada, y movamos sus
páginas con la mano izquierda...”
“...Con el dedo índice, o
quizás con el indice y el corazón estirados mientras los demás
quedan relajados o formando con ellos una hermosa “O” según
seamos de sexo femenino o masculino...”
“... Espero que cuando este
libro llegue a su fin, la mano quede impregnada con los sagrados
líquidos de nuestras entrañas y que las páginas hayan salido
ilesas de la hazaña.”
Con tales palabras queda claro que no es un libro para mentes
pecatas, los puritanos meapilas se escandalizarán sin dudarlo, por
eso les aconsejo que no se acerquen a él, así evitaren sus
sentimientos de remordimiento y una larga explicación al cura sobre
lo visto, y los demás podamos disfrutar sin escuchar sus rasgaduras
de vestiduras (de lo más erótico, por cierto) ni sus amenazas de
fuegos eternos.
Es un libro para los amantes de la belleza y el cuerpo.
sábado, 17 de noviembre de 2012
LIBRO: "El abuelo que saltó por la ventana y se largó." de Jonas Jonasson
Un
simpático libro, sin duda, aunque más podíamos considerarlo una
colección de anécdotas cómicas con un personaje que le sirve de
hilo narrativo. A lo largo de la novela se alternan con total
precisión un capítulo basado en la historia de la fuga del
centenario personaje y otro de su compleja biografía, pero no como
cabría esperar como una serie de “recuerdos” que van saliendo a
lo largo del argumento principal, no tienen ninguna relación.
No
se trata de un libro que se detenga en los personajes, todos ellos
son bastante superficiales, incluso el protagonista, aunque no es de
extrañar, han de ser grotescos, como los personajes de Muñoz Seca,
han de ser caricaturas de arquetipos. Los capítulos me recuerdan en
cierto modo al club de la comedia, cogen un tema, un personaje de la
historia del siglo XX, y en torno a él va sucediéndose una serie de
gags. Evidentemente, no nos hemos de tomar en serio a los personajes
reales, son tan fantásticos como los inventados.
Yo
creo que con el material que luce en el libro, sin perder el tono,
podría haber cuidado más el relato, sobre todo el principal, que
queda un poco frío, a lo que no ayuda nada el continuo corte de la
trama para pasarse a otras cosas.
En
resumen, un libro entretenido, a ratos divertido y en ocasiones te
ríes a gusto, una obra que proporciona buenos momentos, aunque
carente de un discurso más claro, más intrigante,
martes, 13 de noviembre de 2012
El coronel.
Yo
soy hijo de militar, por esa razón viví durante bastante tiempo en
instalaciones militares. Una de ellas era la de Bétera, una de las
más importantes, si no la más, de la tercera región militar, según
la antigua distribución del ejercito. Allí existían una serie de
pequeños chalets donde podían vivir los oficiales con sus familias.
Mi padre era capitán y por ese motivo residíamos en el campamento
en una de esas viviendas.
Para
comunicarlas con Valencia existían una serie de autobuses del propio
ejercito que hacían el recorrido Bétera-Valencia y viceversa varias
veces al día. El ejercito, por lo menos entonces era muy clasista,
por ese motivo, aquellos autobuses se encontraban divididos en zonas,
como los autobuses del sur de EEUU antes de las campañas de los
Derechos Civiles, los primeros asientos, los que se consideraban
mejores, estaban destinados a los jefes, el Comandante y los
Coroneles, y a sus familias, como eran pocos, siempre tenían asiento
e iban muy anchos. Las siguientes filas, el el centro del autobús,
se encontraban los asientos de los oficiales, los que nos
correspondían a nosotros, aunque eramos más, no solía haber
problemas de espacio. En la cola, en la parte trasera, es donde se
tenían que acomodar como podían la tropa, que naturalmente eran
muchos más.
El
caso es que un día caluroso de verano de 1960, mi madre estaba
embarazada de mi hermano pequeño, ya debía de estar bastante gorda,
el embarazo era de ocho meses. El caso es que por algún motivo que
desconozco, tenía que ir conmigo a Valencia. Como era costumbre, mi
madre se puso en los asientos centrales, los que le correspondían.
Dio la casualidad que el Coronel iba en el primer asiento, junto al
conductor y que el resto de los asientos de los jefes estuvieran
libres, muy amable, en vista del estado de mi madre, nos invito a
pasar a la parte de delante para evitar posibles mareos.
El
autobús se puso en marcha, yo me quedé fijamente mirando al señor
que iba en el asiento de delante y que había sido tan amable. Ya
entonces, a pesar de mi edad, sentía ganas de saber los motivos de
las cosas, por ese motivo, ni corto ni perezoso, dije en voz alta:
- Mama, ¿por que este señor no tiene pelo?.
Mi
madre quiso que se le tragara la tierra, con una muestra de total
falta de educación, había llamado calvo al mismísimo Coronel.
Evidentemente, me riño indicándome que esas cosas no se hacían y
se disculpo, muy azorada, ante el jefe. Afortunadamente, no era un
cascarrabias, y quitando hierro a la cosa dijo:
- No se preocupe, tiene toda la razón, ya se sabe que los niños y los tontos siempre dicen la verdad.
Lo
que no me quedo muy claro es si me consideraba entre los unos o los
otros o, quizás, en ambos.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Pudor
¿Qué es el pudor?, está
claro que es una idea muy empleada por las religiones que reniegan
del cuerpo. No es de extrañar, al fin y al cabo el pudor es una
vergüenza del cuerpo, el pudor es intentar ocultar a nuestro cuerpo
de la vista de los demás, si plantemos al ser humano como un alma o
un espíritu “encerrado” en un cuerpo, que afortunadamente
abandonaremos el día del juicio final, está claro que tenderemos a
ocultar nuestra piel. Una buena prueba de lo dicho la tenemos con el
gurkha en Afganistán, el pudor llega hasta tal punto de exigir la
ocultación total del cuerpo.
¿Qué no es el pudor?:
evidentemente no es una idea natural, no procede de la naturaleza, el
pudor no nace en nosotros por el hecho de ser humanos. En primer
lugar, el pudor no existe en el Reino Animal, ningún ser vivo siente
pudor, no es un sentimiento instintivo. ¿Es humano?, para que fuera
algo inherente al ser humano, para que el pudor se produzca por el
hecho de ser humano, si el pudor surgiera de nosotros, tendría que
ser universal.
Quien sabe algo de
antropología sabe que existen culturas donde no existe el pudor al
desnudo, de hecho, en la misma Europa, en la antigüedad clásica, el
desnudo no causaba pudor.
Entonces, ¿cómo es que
sentimos pudor?. Los sentimientos y las ideas de los seres humanos no
solo proceden de su naturaleza, también proceden de su entorno
cultural, son aprendidas en la familia, en el trato con los demás.
Es dentro de este entorno donde el pudor encaja perfectamente.
Si el pudor fuera
intrínseco al ser humano, lo sentiríamos todos por igual. Pero no
es así, depende claramente de la cultura, en ciertas tribus el
pudor no existe o no existía hasta que los misioneros lo han
enseñado. Por contra, en otras culturas, como la anteriormente
comentada de Afganistán, el pudor alcanza una dimensión total,
exige la ocultación total del cuerpo.
Pero esas diferencias no
solo son geográficas, son también históricas: en el antiguo
Egipto, la vestimenta era un signo de poder, de riqueza, no intentaba
ocultar el cuerpo, al contrario, el torso permanecía desnudo de
cintura para arriba y la mayoría del servicio iba desnudo o con
taparrabos. En la Grecia Clásica, es todo lo contrario en lo que se
refiere al hombre, existe un culto al cuerpo y su exhibición, no era
lo mismo en las mujeres patricias. En Roma el pudor gano terreno,
pero en lugares públicos, no así en el baño.
En la América
Prehispánica no existía la idea de pudor, de hecho; Colón a
relatarle a Fernando el Católico, lo que había encontrado decía:
“Tan
dócil y tan pacífica es la gente que juro a sus Majestades que no
hay en el mundo entero pueblo que sea mejor. y aunque anden desnudos,
sin embargo su comportamiento es decente y digno de alabanza”. No
sentían pudor del desnudo, de hecho en sus ritos religiosos solían
ir desnudos. Todo eso cambio con la evangelización y las frecuentes
violaciones por parte de los europeos.
En
Europa, con la llegada de las religiones orientales, el pudor gana
mucho terreno, se siente pudor el enseñar algo más que las manos y
el rostro, las vestimentas se alargan hasta los pies y las mangas son
imprescindible. Con el Renacimiento, las piernas sieguen siendo causa
de pudor, no así el busto que empieza a mostrarse en escotes, y los
antebrazos al acortar la manga.
En
Occidente, cada vez han ido a menos las zonas causantes del pudor,
hoy día hasta las monjas muestran el tobillo sin ningún pudor,
cuando hace poco más de un siglo nuestras abuelas se ruborizaban si
por algún motivo se les veía. Evidentemente, hoy el pudor ha
quedado limitado a los órganos sexuales y algo a los senos.
Creo
que es palpable que el pudor es tan producto de la cultura como la
moda en el vestido.
¿Por
qué sentimos pudor?, porque lo aprendemos a medida que nos vamos
haciendo mayor, primero por la imitación, si la madre se tapa el
cuerpo al salir de la ducha, si se cierra la puerta a la ora de
cambiarse de ropa, si se les dice, no te cambies aquí, cámbiate a
escondidas... Se va creando en nosotros que el cuerpo es algo malo,
que debe ocultarse, al menos los órganos sexuales. Evidentemente,
los hijos de una familia nudista no sentirá inicialmente pudor,
aunque, con posterioridad, la presión, las burlas, los insultos y la
violencia terminan por causarle ese “pudor”.
¿Es
fácil quitarse el pudor?. Sí, tan fácil como quitarse la costumbre
de morderse las uñas, lo digo por propia experiencia, es suficiente
con asumirlo, ir desnudo cuando estás a solas, empiezas a sentirte
cómodo sin ropa, empezar a quitarse la costumbre de cerrar puertas y
cortinas al cambiarse y bañarse, no hacer equilibrios en vestuarios
y baños públicos, sin mucho esfuerzo te ven los de tu casa, te ven
en vestuarios, te ve la vecina... Ya no te incomoda que la gente te
vea desnudo.
¿Que
pasa las primeras veces?. Sobre todo en los hombres existe el temor a
sufrir una erección en caso de encontrarse a una mujer desnuda, no
es así, te aseguro que no pasa nada, además, la erección es algo
natural, no escandaliza a nadie. Yo he ido a una playa nudista y no
me ha pasado nada.
Para
que hacer el esfuerzo. Porque la sensación de no llevar ropa, sobre
todo en el baño, es francamente muy agradable, incluso el hecho de
compartir la no ocultación del cuerpo rompe barreras de
comunicación.
Pero.
Si hay un pero, ojo con los pudibundos, con los enemigos del cuerpo,
su comportamiento es hostil, violento, no solo exigen su derecho a ir
vestidos (algo que por supuesto tienen), también exigen el “derecho”
a que los que están a su alrededor no tengan derecho a ir desnudos.
Lo
sé muy bien por experiencia, tuve la poca fortuna de casarme con una
mujer de una familia muy religiosa, me han hecho la vida imposible.
Cuidado con estás personas, suelen ser cerradas, imposible de
razonar con ellas y, lo peor, muy vengativas.
martes, 6 de noviembre de 2012
La Academia III: En el laboratorio de química
Don
Ricardo, el Directos y profesor de química, era bastante despistado,
como ya hemos visto con “Don Hipólito”, en ocasiones, este
despiste llegaba a dar un aviso y saltárselo a continuación.
Una de
las cosas que más orgullo le daba de su Academia era su completísimo
laboratorio de física y química. La verdad es que era lo más
completo que tenía, muy por encima de su alumnado, era una de esas
cosas que hacen cierto el dicho de que “la miel no está hecha para
la boca del asno”.
Un día
decidió mostrarnos como se hacía de verdad una de las reacciones
que acostumbrábamos a hacer en la pizarra. La cosa era fácil,
consistía partir de ácido clorhídrico y zinc para obtener cloruro
de zinc e hidrógeno.
Para
ello íbamos a emplear el siguiente esquema:
En un
matraz teníamos que poner agua y un poco de Zinc, lo tapábamos
herméticamente con un tapón, que disponía de dos tubos, uno de
seguridad (sin reflujo) y otro en forma de “S” para extraer el
gas, un bol de cristal con agua y una ampolla conectada a una
jeringuilla.
Nos
aviso que el hidrógeno El hidrógeno, un gas altamente inflamable,
puede acumularse en concentraciones explosivas dentro de tambores o
cualquier tipo de recipiente, y que hay que tener cuidado al mezclar
ácido clorhídrico con agua, siempre hay que poner el ácido sobre
el agua y no al revés.
Él
era el encargado de manipular y nosotros de ver. Con un cuentagotas
cogió un poco de ácido clorhídrico, lo introdujo por el tubo de
seguridad, este se mezclo con el agua, entro en reacción con el
zinc, con lo cual, se obtenía cloruro de zinc que se disolvía e
hidrógeno que salía por el tubo en “S”, burbujeaba en el agua y
se almacenaba en la jeringuilla.
Terminado
el experimento, comprobamos que coincidía con las cifras que
habíamos calculado en clase. Finalizada la explicación, para
terminar de ser instructivo, decidió mostrarnos que el hidrógeno
era muy combustible, para ello separó la jeringuilla del resto del
aparato, nos dijo que nos apartáramos y con cuidado acerco el
mechero a la boca de la jeringuilla.
De
repente, sonó como un disparo y un cristal que se rompía, todos nos
echamos al suelo, él se quedo de pie, quieto, pálido, con el
mechero en la mano.
No
tardó don Rosendo de entrar en el laboratorio con un émbolo y
diciendo que quien de nosotros lo habíamos tirado por la ventana.
Aquél
día nos quedo claro lo que no había que hacer.
domingo, 28 de octubre de 2012
La Academia II: Don Hipólito
En la
primera anécdota sobre la Academia en la que estudié Bachillerato
ya explique de que tipo de centro “educativo” se trataba. Era
propiedad de Don Ricardo, un hombre bonachón que después de
dirigirla muchos años, aun tenía ilusión de que alguno de nosotros
llegara a saber algo, por lo cual, llegamos a la conclusión de que
era un fanático seguidor del Alcoyano.
Las finanzas corrían a cargo
de Doña Pilar, la mujer del Director, que me río yo del “Cobrador
del Frack”, era implacable, como te retrasaras un día en el pago,
te perseguía implacablemente por las clases, claro, que alguna razón
tenía, había quien acumulaba varios meses, casi le da un infarto
cuando Don Ricardo decidió no cobrarme las mensualidades durante el
COU para que no me fuera al Instituto Beillure.
El orden corría a
cargo de Don Rosendo, hábil con la fusta, hoy le apodaríamos “El
tío de la vara”, pero entonces no nos arriesgamos a ponerle ningún
mote, no sabíamos de donde procedía, pero hay quien afirmaba que en
su época fue domador de leones, pero que lo habían echado del circo
por comérselos, aunque con los alumnos no pudo. Nosotros los héroes
de toda la historia los podéis ver en el dibujo (yo soy el de más a
la derecha).
Entonces
existía una asignatura llamada FEN o, más largamente, Formación
del Espíritu Nacional, que se ve que los de derechas no se acuerdan,
porque pretenden que es manipulación la Educación para la
Ciudadanía, aquello que nos daban si que era de verdad puro
adoctrinamiento. Nuestro profesos de FEN se llamaba Don Manuel, pero
todos a sus espaldas le llamábamos Don Hipólito. Era un mutilado de
guerra y excombatiente, miembro de las JONS*, aunque tendría los 60.
Había perdido, no sabemos como, los dos meñiques, por lo que lo
llamábamos también “cuatro dedos”.
El caso
es que un día estábamos en clase de química con el Director, el
caso es que Don Manuel entró a hacer una consulta a Don Ricardo,
ocasión que no se perdía para entablar una batalla de balitas de
papel disparadas por la cerbatana conocida como bic-cristal.
Terminada la consulta, Don Manuel se dirigió a la puerta para salir
del aula.
Por lo
visto, Don Ricardo se le había olvidado decir algo e intentaba
llamar al profesor que se iba, pero su despiste y mala memoria
impedían que se acordara de su nombre. Como dicen que a las
ocasiones las pintan calvas, los de primera fila le apuntamos en voz
baja:
- Don
Hipólito
Don
Ricardo, ni corto ni perezoso, en voz bien alta exclamó:
- ¡Don
Hipólito! ¡Don Hipólito!
El
cuatro dedos, con toda su altura, se giró en redondo, puso cara de
enfado, que más parecía Frankenstein que un humilde profesor, se
dirigió a la tarima con grandes zancadas y levantando repetidamente
el indice extendido en las mismísimas narices del profesor de
química, diciendole:
- ¡¡¡NO
ME LLAMO HIPÓLITO!!!,... ¡¡¡MEEE LLAAAMO MANUEEEEL!!!
*
Juventudes Obreras Nacional Sindicalistas
miércoles, 24 de octubre de 2012
La academia I: El racionalismo de Desacrtes
El tener
una vida académica tan atípica como la mía, proporciona momentos
de lo más variado. El Bachillerato, por razones que no vienen al
caso, lo hice en una Academia, próxima a mi casa en lugar de acudir
al Instituto. Estaba situada en un viejo caserón, de a saber cuantos
siglos de existencia, sito en un barrio céntrico de mi ciudad, de
esos que en su momento fueron señoriales, pero que con el paso de
los años y la dificultad de rehabilitarlos, perdieron todo su tronío
para ir cayendo en el deterioro.
El
alumnado lo constituíamos una variada fauna (nunca mejor aplicado
este apelativo a una colectividad humana) lo formábamos la élite de
la ciudad, lo mejor de cada familia, lo más granado y selecto de la
sociedad. Supongo que todos habrán entendido que el tono con que lo
digo es plenamente irónico. Sin lugar a dudas batíamos todos los
límites en cuanta al número de expulsiones por clase, era raro el
ejemplar que no hubiera pasado por dos, tres, hasta cinco, centros
educativos que habían decidido renunciar a su presencia. Eramos las
Naciones Unidas de las pandillas que por entonces poblaban nuestra
ciudad..
El
mobiliario con el que estaban dotadas las aulas, mostraba en sus
tableros importantes inscripciones, en un principio las atribuimos a
los egipcios, pero, posteriormente, nos enteramos que su origen era
más reciente, pertenecían a los planes de alfabetización de la
República. Según los rumores que corrían, las autoridades
nacionales, preocupadas de que contuvieran virus rojos, las
subastaron al mejor postor y se las adjudico nuestro querido director
Don Ricardo.
¿Por
qué digo esto?. Pues bien sencillo, para que se entienda como pudo
suceder lo que voy a contar:
Resulta
que la asignatura de Filosofía no era nuestra preferida, si es que
había alguna, y el profesor del que disponíamos, curtido en mil
batallas intentando ilustrar a los pollinos, se limitaba a leer
cansinamente el libro de la asignatura, lo que hacía que la
asistencia a clase careciera de todo interés.
Por ese
motivo mi amigo Luis y yo decidimos desplazarnos a la última fila a
jugar una emocionante partida de barquinos, mientras aparentábamos
prestar la máxima atención y tomar numerosos apuntes.
Una voz
monótona decía:
- Renatus
Cartesius, llamado Descartes, es un filósofo francés nacido en La
Haye en 1596 perteneciendo a la Baja Nobleza, estudió con los
Jesuitas...
- E11
- Agua
- … donde adquirió importantes conocimientos de cultura clásica, física y matemáticas...
- C3
- Agua
- … Posteriormente curso derecho y medicina en la Universidad de Poitiers...
- C8
- Tocado
- … Desarrollo una importante labor investigadora en París...
- B3
- Joder, hundido
- ¡bien!
- … su principal obra es “Discurso del método”, obra fundamental...
- C7
- Tocado
- … precursora del racionalismo occidental...
- D5
- Tocado, ¡¡Cabrón!! me pillas todas.
- A ver, ¿qué están haciendo ustedes?
- E11
- Agua
- … donde adquirió importantes conocimientos de cultura clásica, física y matemáticas...
- C3
- Agua
- … Posteriormente curso derecho y medicina en la Universidad de Poitiers...
- C8
- Tocado
- … Desarrollo una importante labor investigadora en París...
- B3
- Joder, hundido
- ¡bien!
- … su principal obra es “Discurso del método”, obra fundamental...
- C7
- Tocado
- … precursora del racionalismo occidental...
- D5
- Tocado, ¡¡Cabrón!! me pillas todas.
- A ver, ¿qué están haciendo ustedes?
El
silencio se hizo en el aula, la tragedia se mascaba. Miramos hacía
los preciosos artesonados de lo que en su momento fue un salón, como
si no pasara nada, como si el profesor no hubiera oído bien... pero
no hubo éxito...
- Sí, ustedes, no se hagan los tontos. ¡La última mesa! ¡A la calle!
Nos
miramos Luis y yo, de repente la misma idea surge en ambas cabezas,
una sonrisa entre irónica y malvada adorna nuestro rostro, movemos
una sola vez la cabeza afirmando, desplazamos nuestras sillas hacia
atrás, dejamos nuestro cuadernos sobre ellas, sin decir nada,
levantamos nuestra mesa, nos desplazamos con ella al balcón abierto,
sin dudarlo un momento, la lanzamos en medio de la calle, se escucha
un golpe, unos gritos y un frenazo, regresamos a nuestras sillas, nos
sentamos y con nuestros cuadernos nos disponemos a continuar la
clase.
Aquel
día no logramos enterarnos de lo que decía el Descartes ese.
martes, 23 de octubre de 2012
LIBRO: “No te escondo nada” de Sylvia Day
Me decidí a leer este libro después
de “50 sombras de Grey” debido a que se decía que era la
trilogía que en Estados Unidos estaba sustituyendo a la anterior en
el interés de las mujeres. Por tanto, no puedo evitar el compararlas
a la hora de hablar de ella.
En primer lugar, como en el caso de “50
sombras de Grey”, se trata en esencia de una novela romántica
llena de escenas de sexo, una “novela de amor” estilo las que
encandilaban mediante la radio a nuestras madres todas las tardes.
En este caso, la autora, Sylvia Day,
muestra más profesionalidad y le da a su obra más variedad, más
ritmo, menos muletillas, en resumidas cuentas, esta mejor escrito,
aunque no hay que echar las campanas al vuelo, no creo que sea
merecedora del Premio Nobel de Literatura. Es un libro entretenido,
con más argumento que una sucesión de escenas de sexo, que se sigue
con interés y los “misterios” van surgiendo a lo largo de la
misma.
Desde el punto de vista sexual, al fin
y al cabo pretende ser un libro erótico, muestra bastante más
variedad que “50 sombras de Grey”, incluso el sexo
dominante/sumisa, pero más como juego que como planteamiento total
de la pareja. El personaje masculino, como en la otra, es un
supermillonario superguapisimo superproblemático, que empieza a
parecerme el ideal de las mujeres.
Por contra, el personaje femenino, en
este caso, no es la virgen superñoña metida a hacer de Justine, en
“No te escondo nada” es mucho más complejo (para mi gusto el
personaje mejor retratado), con un pasado tan complejo o más que el
millonetis, con una vida sexual activa, rica y problemática, que no
duda en tomar la iniciativa. También es de agradecer que no se de el
agobiante acoso monetario de “50 sombras de Grey”.
Esta novela no transpira tan claramente
el machismo clásico, aunque si que muestra una defensa bastante
consistente de las relaciones sexuales monógamas y una concepción
de “como te quiero, aguanto”.
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